Parador de Santillana

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Parador de Santillana
Santillana

Plaza Ramón Pelayo, s/n
39330 Santillana del Mar (Cantabria)

Reservas

Siempre deseamos tener casa en el Norte. Una de esas de piedra, con arcadas de medio punto y poderosas vigas de madera y una chimenea que atrapa a todo el que a ella se acerca. Pues esas casas existen y los turistas que pasean por las calles de Santillana las buscan con ganas de curiosear en su interior. La mejor opción es entrar en el parador, uno de los dos que hay en la villa. Está en plena plaza principal y aunque es de nueva construcción, nadie lo diría, porque asume la esencia de la arquitectura popular de Cantabría. Su inauguración en 1987 demostró, una vez más, lo correcto que podía ser el estilo regional de Paradores. Sigue fielmente la arquitectura típica de la zona y su integración con el entorno es casi perfecta.

En realidad es poco más que una casa solariega, con su pórtico de arcos de medio punto rematado por una galería con balaustrada de madera y macetas con flores. Todas nuestras expectativas se cumplen por dentro tal como esperábamos. Kit completo de decoración montañesa: muebles de madera de castaño, vigas de madera en los techos, mucho estilo castellano por todos los rincones, e incluso escudos señoriales como motivo de ornamentación en las vidrieras. Toda una colección de detalles que le dan un aire señorial, como de casa antigua, un tanto teatral.

En torno al hall se articulan los espacios y parte la escalera que conduce a las habitaciones, bastante sobrias. Lo mejor: su jardín y su situación en pleno centro del pueblo. La luz entra a raudales por los ventanales del salón en el que una chimenea reconforta del húmedo clima cántabro. Ante todo es un parador cómodo.

La cocina es uno de los puntos fuertes de Paradores y aquí no podía fallar. Después de un simple y jugoso plato de alubias con chorizo, que es todo un arte, dudamos entre unas rabas que podían haber sido plato principal por sí solas o la merluza que se ofrece de diversas maneras. Compitiendo con ésta encontramos el besugo o el bacalao y, elijamos lo que elijamos, cualquiera de las opciones no defrauda. Jibiones (calamares) o bocartes (anchoa fresca) parecen placeres menores, pero tampoco hay que dejarlos de lado. El tema de los cocidos nos daría hasta para una tesis doctoral. La opción de un cocido lebaniego no es mala, pero siempre preferimos la opción del cocido montañés, más clásico y menos pretencioso. Los quesos son otro tema: Pido, Cobreces o Bejes-Tresviso. Los productos lácteos dan mucho juego para cualquier amigo de la buena mesa.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: 25 dobles, una doble con cama de matrimonio y dos individuales.
SERVICIOS: Sauna, acceso gratuito a Internet Wifi, aire acondicionado, antena parabólica, cambio de moneda, bar...
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Regional | LOCALIZACIÓN: Campo
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