Parador de Plasencia

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Parador de Plasencia
Plasencia

Plaza San Vicente Ferrer, s/n
10600 Plasencia (Cáceres)

Reservas

Plasencia podría llamarse La Bendita por la cantidad de iglesias y conventos que sus murallas encierran. Aunque la mayoría ya no está en uso, hubo otros tiempos en los que la ciudad se llenaba de hábitos y las campanas repicaban a maitines o a vísperas. De hecho, hasta tiene dos catedrales, la nueva y la vieja. No es de extrañar, por tanto, que el parador se ubique en un antiguo convento.

Félix, su director, es el mejor guía para entender dónde estamos. En sus palabras hay ilusión, pasión y sabiduría. Con elocuencia explica la recuperación de una bodega, la limpieza de un muro o el uso de una columna. Su hotel es un elemento vivo cargado de historia.

Siempre resulta chocante el fácil acceso al parador a través de un ascensor que nos evita el desagradable momento de intentar aparcar. Qué placer olvidarse del coche y empaparse de tranquilidad. Para historia, la de este parador-convento del sigo XV, que fue construido por una familia noble, los Zúñiga, quienes por un milagro que devolvió la vida a su único hijo donaron el convento a los monjes dominicos. La construcción y puesta en funcionamiento del convento fue todo un compendio de burocracia, papeleo y correspondencia entre el clero, los nobles e incluso los Reyes Católicos.

Hay mucho silencio en el parador y la verdad es que impresiona saberse en la sala capitular, el refectorio o el claustro de los monjes. Tan bien está preservado el estilo monacal que uno espera encontrarse a un monje en cada vuelta de la esquina. Hay arte por cada rincón, sobre todo si se mira al techo, ya que el estilo del convento es gótico y los arquitectos de entonces construían con miras al cielo. En cada pared encontramos una estatua, un mural, un artesonado de madera, un escudo en la piedra, una inscripción en latín... Cada uno de ellos habla de su propia historia y son, sin duda, uno de los atractivos de este establecimiento. Hay que hacer una visita durante el día y otra durante la noche, cuando el convento se ilumina con suaves luces diferidas que lo transforman en un lugar casi mágico.

Pero no sólo de arte vive el hombre y en el convento se come muy bien. El antiguo refectorio es ahora el restaurante y aún conserva el púlpito desde donde se leían libros píos para amenizar la frugal comida. Otro elemento original es un friso que hacía de respaldo de un banco, hecho con cerámica de Talavera del siglo XVI. La moda de hermanar ciudades españolas con otras del mundo no es una costumbre moderna como pudiera parecer. Prueba de ello es que ya, en 1248, las ciudades, entonces más bien pueblos o villas, de Plasencia y Talavera firmaron una carta de hermandad.

Posiblemente por eso, este friso y los nombres de algunas de las calles de Plasencia están pintadas en cerámica de Talavera. El aceite de oliva virgen extra es el protagonista en la cocina y está presente en muchos platos como el gazpacho acompañado de trigueros y virutas de jamón o el que empieza a ser el plato estrella: el bacalao monacal. La carta de postres es tan sorprendente como exquisita y la tarta de bellotas es una buena opción.

La antigua bodega es uno de los lugares más interesantes del convento y una apuesta por los gustos modernos de las salas chill out . Una sala abovedada de ladrillo acoge un bar de amplios divanes con cojines, luz de velas y música ambiental. ¿Elevarse en meditación? Eso es opcional.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: 49 habitaciones con salón y nueve dobles (ocho con cama de matrimonio).
SERVICIOS: Restaurante y bar, salón de conferencias, piscina de temporada, gimnasio, garaje...
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Convento | LOCALIZACIÓN: Ciudad
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