Parador de Manzanares

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Parador de Manzanares
Manzanares

Autovía Andalucía, km. 175
13200 Manzanares (Ciudad Real)

Reservas

En mitad de La Mancha el agua se esconde y surge en parajes de lagunas que cortan el paisaje, como las de Ruidera o las Tablas de Daimiel. Entre ambos espacios naturales, casi equidistante, se encuentra Manzanares, tierra de vinos recios, como Valdepeñas.

La historia del parador de Manzanares refleja muy bien la transformación de estas tierras de La Mancha. Es el cambio de un albergue en parador. Si paramos en uno de esos tórridos días de agosto, cuando decenas de coches se detienen cada cuarto de hora para descansar o tomar un refrigerio, resulta divertido leer las normas que se siguieron para la creación del edificio hace ya casi 80 años. «Se estimó que el refugio-albergue debía tener capacidad para tres coches y en cada vehículo podían viajar hasta cuatro personas. Se haría una desviación desde la carretera. Contaría con una cabina de teléfono. Para el comedor se preveía una capacidad de 30 personas».

Hoy hacen gracia esas exigencias, pero qué tiempos aquellos en que por dos millones y medio de pesetas se encargó a los arquitectos Martín Domínguez y Carlos Arniches construir doce albergues. Sencillez, racionalismo y un extraño criterio de modernidad, con el encargo a Eduardo Torroja de unas marquesinas de hormigón que quedaron como señas de identidad.

Visto con el tiempo, el lugar tiene encanto. Aquí no ha llegado todavía la renovación del diseño de la Red y todo guarda ese aire recio y castellano de los primeros paradores. El edificio no es emblemático ni histórico, pero ha sabido recrear un cierto aire de oasis en medio de la ruta. Para los aficionados a los toros tiene algo de santuario. Ignacio Sánchez Mejías, torero famoso por los versos de Lorca, pasó aquí su última noche, en la habitación numero 13. En su comedor, Manolete tomó su última cena, «servido por la camarera Antonia Laguna». En los años 30 todo el mundo paraba.

La actriz María Bru o el genial Pepe Isbert eran clientes asiduos. Incluso el escritor Pedro Muñoz Seca describe en su obra El Refugio el divertido ambiente del local. En aquellos años, ni teléfono móvil, ni exceso de velocidad, que la Guardia Civil tenía otras cosas en que preocuparse. ¿El precio? El alojamiento, 20 pesetas; la cena, seis, admitiendo perros porque era un lugar muy moderno.

Todavía algo se guarda de aquellos años. Ayudan mucho los jardines y plantas que lo rodean y que falta le hacen en los más que calurosos veranos manchegos. Igual que la piscina, que suaviza el rigor estival, como lo hacen los espacios frescos del interior del parador. Incluso en verano apetece un buen almuerzo con migas ruleras, y un tiznao de bacalao. Que la siesta lo perdona todo.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: 44 habitaciones dobles, seis con cama de matrimonio. Todas poseen muebles de madera, sillas de cuero y lámparas con apliques de forja.
SERVICIOS: Restaurante, bar, ascensor, cambio de moneda, piscina, zona de juegos infantiles...
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Moderno | LOCALIZACIÓN: Campo
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