Parador de Guadalupe

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Parador de Guadalupe
Guadalupe

Marqués de la Romana, 12
10140 Guadalupe (Cáceres)

Reservas

Una carretera de mil curvas por la sierra de Altamira lleva al santuario de Guadalupe, un lugar que atrae a peregrinos, turistas y excursionistas por igual. Un enclave cargado de una energía muy especial. No es extraño que entre los siglos XIV y XVIII fuera una de las mecas del saber de España, por su reconocido colegio de Medicina y Cirugía, donde dicen que se realizó la primera disección humana. Guadalupe y su Virgen negra se hicieron tan populares que hasta el mismo Colón fue al monasterio antes de ir a descubrir el Nuevo Mundo. Ahora el mundo parece redescubrir este rincón de Extremadura. Hasta los adictos a la observación de aves tienen en este parador un referente para las jornadas de nido, vuelo y apareamiento de las susodichas.

Hartos del ajetreo del día a día, hacemos una escapada en busca de paz y armonía pero sin renunciar a la comodidad y la buena mesa. El parador de Guadalupe parece formar parte del monasterio y eso fue en sus orígenes. El que fuera Hospital de San Juan Bautista y Colegio de Medicina es hoy un establecimiento donde la calidad no se mide por estrellas.

Por suerte los residentes del siglo XXI no están sujetos a las estrictas reglas y horarios de los estudiantes de entonces, que comenzaban el día a las 4 de la mañana y no hacían otra cosa que estudiar y orar en absoluto silencio. Aquí uno se levanta tarde, que lo de recuperar sueño es el comienzo de cualquier terapia. La habitación es sencilla con ciertos detalles mudéjares en arquitectura y enseres. Las blancas paredes acogen unos muebles rústicos y algún mosaico pone la nota de color. El desayuno, en la terraza, pues las vistas descansan la mirada y en la soledad hasta el café sabe mejor.

La estancia es una buena manera de descubrir el edificio, con sus largos pasillos en los que los arcos de las ventanas se encuentran cubiertos por celosías de madera. Los salones aún conservan los detalles de antes, como la gran chimenea o las vigas de madera del techo. El patio es de estilo andaluz cargado de limoneros y naranjos con su alberca y todo. Hay que ir deteniéndose a cada paso para contemplar un tapiz, un cuadro o un objeto, todos ellos relacionados con la cultura serrana y religiosa de la zona... Un auténtico hotel museo.

Hace calor en Extremadura y se agradece la piscina del parador. Al ser éste pequeño apenas hay gente, y tenemos por compañeros a los cipreses y olivos que nos rodean. Otro tratamiento de descanso que funciona. La fama del restaurante es conocida y a la hora de comer, poquito y bueno. Para empezar, una sopa guadalupana hecha con arroz extremeño. A continuación el bacalao monacal que cocinan a fuego lento en cazuela de barro. No se debe ofender al camarero que insiste en que probemos unas perrunillas extremeñas, que son unas galletas típicas que van muy bien con el aguardiente de Gloria que nos va a llevar de cabeza a una buena siesta.

Por la tarde aún queda tiempo para visitar el Monasterio antes de salir a cenar y deleitarse una vez más con la gastronomía y los caldos de Extremadura.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: 26 dobles, 14 con cama de matrimonio, una con salón y una individual.
SERVICIOS: Antena parabólica, aire acondicionado, garaje, bar, piscina de temporada, restaurante, jardín.
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Convento | LOCALIZACIÓN: Ciudad
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