Parador de El Hierro

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Parador de El Hierro
El Hierro

Las Playas, s/n
38900 El Hierro (Santa Cruz de Tenerife)

Reservas

Hasta no hace mucho, al Hierro casi llegaban sólo los desterrados. Estaba tan lejos y era tan inaccesible, que los políticos y militares caídos en desgracia encontraron en esta isla maravillosa una especie de territorio olvidado en el que los propios habitantes hacían de vigilantes. Era, y sigue siendo, el confín más occidental de España y de Europa. Por eso durante siglos fue la referencia del Meridiano Cero, hasta que los británicos trasladaron la referencia universal al de Greenwich.

Exiliados y referencias cartográficas. Eso era todo para una isla desolada y misteriosa que ahora el turismo ha convertido en una meta a alcanzar. Con el cambio de los tiempos, es el nuevo paraíso. Ya estamos preparados para apreciar los extraños encantos de sus paisajes volcánicos, como su caldera incompleta o sus sabinas retorcidas en posturas inverosímiles, que se adaptan a la furia de los alisios. Un mundo que tiene mucho de irreal y que no deja de sorprender porque parece que está sin acabar.

En la costa este, la más resguardada, frente al Roque de Bonanza -un paraje extraño entre el mar y la montaña volcánica- aparecen los edificios de este parador que se salen del mar para anclarse sobre la playa. ¡Qué magia!...Es una suerte poder disfrutar de esas playas negras, casi en privado. Sólo una vista aérea refleja parte de esta rara escenografía. Estamos ante un edificio blanco y discreto, casi escondido, que destaca sobre el negro de la playa. Sobrecoge este paisaje desolado, con ese mar, a veces muy agitado, que hace vida aparte en el lugar más resguardado de la isla.

Se trata de un edificio de los años ochenta con espacios amplios y saturados de sensaciones. Ese olor a mar parece unificarlo todo. Fusión entre madera y piedra volcánica. Desde el interior, los grandes ventanales son cuadros, y desde el exterior se entiende mejor su decoración sencilla y funcional porque la voluptuosidad queda del lado de la naturaleza. Pocos ornamentos, ningún guiño al diseño contemporáneo. Pero el rumor de las olas y la sensación de inmensidad que proporciona el océano es más que suficiente.

La construcción del edificio fue un evento en la zona porque no fue fácil. Después de cinco años de obras, los planos de Ignacio Gárate y Carlos Fernández se hicieron habitables. Tres grandes bloques con forma de edificio donde las chimeneas se convierten en miradores hacia el infinito, a un cielo tan limpio que da miedo por su pureza. Detrás, la poderosa montaña que parece protegernos de las fuerzas naturales. Un drama de emociones donde la arquitectura queda convertida en detalle. Hay apenas espacio para un jardín de dragos, cocoteros, tabaidas y alguna que otra especie endémica.

Estamos en el fin del mundo, pero éste es precisamente el mayor de sus encantos: la inaccesibilidad y el aislamiento. Es un parador para ir a perderse de verdad, de esos que uno busca cuando intenta alejarse de todo o descubrir esos rincones por los que los turistas no pasan de largo... porque no hay ningún sitio más allá al que dirigirse.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: 37 habitaciones dobles, diez con cama de matrimonio.
SERVICIOS: Aire acondicionado, antena parabólica, bar.
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Moderno | LOCALIZACIÓN: Playa
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