Parador de Cuenca

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Parador de Cuenca
Cuenca

Subida a San Pablo, s/n
16001 Cuenca

Reservas

Dicen que a Cuenca le faltaba un parador y le sobraban conventos. Mucho museo, más música y ganas de vivir bien. En 1993 se decidió convertir el cercano convento de San Pablo, al otro lado de río Huécar, en uno de los paradores más espectaculares de la red. Por un lado, el espectáculo está en el propio convento, joya arquitectónica del siglo XVI y de un tamaño sorprendente; y por otro, las vistas únicas, que se disfrutan desde el otro lado del río, con el despliegue de las casas colgadas encaramadas sobre la pared vertical que ha tallado el río con el paso de los años.

Cuando lo mandó construir el canónico dominico Juan del Pozo Pino (luego santo), era un lugar extraño, alejado de la ciudad y de difícil acceso. Decía el piadoso canónigo que era la Providencia la que le había llevado a este lugar, pero hay quien dice que aquí, bajo la roca Sultana, confluían fuerzas telúricas. ¿Verdad o leyenda? Da igual, un enclave perfecto para la oración. Y puestos a ello, levantó este convento con un elegante claustro, una iglesia del gótico tardío que se decoró en estilo renacentista, con una sola y espaciosa nave y bóveda de crucería.

En las noches de verano, cuando los calores se debilitan, da gusto disfrutar de la sombra de los cipreses y el suave discurrir del agua. Hoy no se va a rezar, pero los clientes dan las gracias porque se haya recuperado con tanto gusto todo el edificio. Se han respetado las zonas históricas y en su refectorio está hoy también el comedor con un artesonado excepcional y un original púlpito. El salón ocupa la antigua sala de estudios. La sala Capitular se ha destinado a cafetería y su iglesia gótica tardía, igual que el cenobio, se utiliza como sala de conciertos durante la Semana de Música Religiosa de Cuenca.

Es un lugar que vale para todo. Un día se alojan los príncipes de Asturias y unas semanas después se celebra la Cumbre Hispano-Italiana con Zapatero y Berlusconi. La misma habitación sirve para los príncipes de Japón que para Pierce Brosnan cuando rodó un 007 en Cuenca. Lo mejor de todo es que la paz que debió de tener el convento se ha mantenido. Sólo mirar por sus ventanas y balcones ya relaja. La decoración también ha respetado el sobrio aire monacal, pero con un lenguaje moderno de la mano del equipo de Anne Ward y su reforma del 2004.

A la mesa, nos olvidamos de vigilias, ayunos y contenciones. Dos caprichos, o la perdiz serrana con verduras del Huécar o la caldereta de cordero manchego. De postre, aunque no estemos en Semana Santa, unas torrijas con helado de miel de la Alcarria. Para otro día podemos dejar el morteruelo, el gazpacho manchego o el atascaburras, por no mencionar los postres presididos por un alhajú, de origen árabe, elaborado a base de almendras, pan y miel. Por poner una nota de devoción, una receta misteriosa: la tarta de las monjas y unos suspiros de convento.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: Habitaciones acogedoras y confortables (dos con salón y 54 dobles), muchas disponen de magníficas vistas a las casas colgantes.
SERVICIOS: Acceso gratuito a Internet y Wifi desde cualquier punto del parador, sala de conferencias, bar, restaurante, tienda...
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Convento | LOCALIZACIÓN: Ciudad
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