Parador de Ciudad Rodrigo

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Parador de Ciudad Rodrigo
Ciudad Rodrigo

Plaza Castillo, 1
37500 Ciudad Rodrigo (Salamanca)

Reservas

Estamos en Ciudad Rodrigo, una de las llamadas fortificaciones de frontera, tal vez la más perfecta de todas, con su forma estrellada para facilitar la defensa. Su fortaleza es el lugar perfecto para entender los serenos paisajes del campo charro. El castillo lo mandó construir Enrique II en el siglo XIV, en la parte más inaccesible de la ciudad, para dominar aquellas tierras tan disputadas, porque estamos en plena raya , en la frontera .

Pero no sólo de reyes viven los pueblos, y Ciudad Rodrigo le debe mucho también a un alcalde, don Manuel Sánchez Arjona y de Velasco, al que sus vecinos le bautizaron como el Buen Alcalde . Fue él quien promovió que se convirtiera allá por el año 1931 en Parador Nacional de Turismo. Realmente, fue un visionario del nuevo turismo, porque éste sería uno de los primeros alojamientos de la red.

Desde lo alto del parador de Ciudad Rodrigo podemos apreciar perfectamente la vega del río Águeda. Por sus muros trepa una atrevida hiedra, que se complementa con un cuidado jardín. Piedra frente a vegetación con triunfo de la primera, con un resultado contundente que impresiona bastante por su aspecto sólido y robusto. En el interior se suavizan las sensaciones, como también lo hacen algunas de las estancias interiores: un patio espléndido y un comedor con unas fantásticas arcadas de piedra.

Para entrar en el parador hay que cruzar un arco apuntado que nos introduce en un ambiente gótico que se prolonga en sus muros desnudos de piedra cubiertos con tapices y adornos medievales. Hasta encontrarse con una armadura detrás de una esquina nos puede resultar simpático. Es sólo un guiño: el ambiente es agradable, cálido, con amplios sofás para entablar una charla antes de subir a las habitaciones. Las espadas y tapices no tienen cabida en unas estancias para las que se ha escogido también un aire antiguo pero menos solemne, con doseles rojizos y muebles de madera de estilo español.

Siempre tenemos que buscar un lugar diferente y, en esta ocasión, lo encontramos en la habitación 129, que lleva el nombre de la reina Leonor de Trastámara a la que su prometido, el rey don Fernando de Portugal, acordó entregar algunas plazas castellanas que permanecían en su poder. Al final, el matrimonio no se llevó a cabo, pero las plazas, entre ellas la de Ciudad Rodrigo, fueron entregadas. Muchas veces el amor y el poder se llevan del todo bien. Las fronteras son algo muy sutil que no entiende de paisajes, ni de gastronomía ni de folclore, ni siquiera de gentes. Y hasta el momento estamos en España, pero a veces podríamos creer que estamos en Portugal.

La habitación de doña Leonor es una habitación decorada en terciopelos rojos, amplia, cálida, en la que, por supuesto, nunca estuvo la reina castellana, que se hubiese quedado igual de impresionada que nosotros ante los cinco metros de altura de su bóveda.

El camino hacia las cocinas y comedores sigue envolviéndonos con su ambientación medieval para llegar a un gran salón con vigas de madera en los techos y ambiente cálido, en el que se impone cenar bajo la luz de los candelabros y probar algunos de los suculentos platos locales. Nos inclinamos por el farinato o los asados, que tenemos toda la noche para dormir sin un ruido.

La frontera también gusta de famosos. Entre sus muros han dormido, por ejemplo, los actuales reyes y los príncipes, don Juan de Borbón, los duques de Alba o Torrente Ballester, Ángel Peralta y Julio Robles, porque ésta también es tierra de toreros.

Reservas

DATOS ÚTILES
HABITACIONES: 21 dobles (12 con cama de matrimonio) y dos con salón.
SERVICIOS: Jardín, restaurante y bar, antena parabólica.
PRECIO: Desde 60 euros | TIPO DE HOTEL: Castillo | LOCALIZACIÓN: Naturaleza
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